Cuando la realidad supera la ficción
Nadie imaginó, allá por el 2007, que el fallecimiento de
Crisanto López desencadenaría una serie de acontecimientos que convertirían su
caso en una verdadera telenovela.
En junio de 2007, Cristanto López Míguez, un conocido e
importante empresario maderero de Cee, fallecía a los 81 años de edad en dicha
localidad. Siguiéndose el proceso habitual, se procedió a la repartición de la
herencia, bastante cuantiosa, entre las tres hijas legítimas del fallecido:
Rosa, Angelina y Carmen. Los problemas comenzarían cuando, a mediados del 2008,
Enrique Caamaño Vidal, taxista de profesión, presentara una demanda de
paternidad reclamando la parte de la herencia que le correspondía. En ese momento la jueza Carmen Veiras se hace
cargo del caso, y, ante la negativa de los familiares a someterse a las pruebas
de ADN, ordena la exhumación del cadáver de Crisanto.
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| Lápida que cubre el nicho de Crisanto López, todavía vacío a día de hoy |
El abogado del demandante, Antonio Platas Tasende, decano del colegio profesional de abogados
de A Coruña, y catedrático de derecho mercantil durante más de 15 años, opina
que la intención de las personas que profanaron la tumba, no era sustraer el
cadáver, sino intercambiarlo por otro diferente. Además, considera que es muy
posible que los restos mortales de Crisanto estén todavía en el cementerio
parroquial donde fue enterrado originariamente.
Paralelamente,
sigue desarrollándose toda la trama referente a la paternidad. Esta vez
será una de las hijas quien acceda, ante la presión del abogado del demandante a someterse a las pruebas de ADN,
repitiendo incesantemente la menor fiabilidad al no realizarse dichos análisis
a su progenitor, sino a su presunta hermana.
En febrero de 2011 se emite una sentencia resuelta a favor del
demandante, que sería a partir de entonces reconocido, a ojos de la ley, como
hijo oficial de Crisanto López; esto conllevaría “una boca más que alimentar”,
esto es, el taxista ceense entraría ahora a la repartición de la herencia.
Pero los problemas no terminarían aquí para la familia
de Crisanto, pues meses más tarde, Rosa y Natalia Cancela, naturales Fontecada
(Santa Comba) presentarían sendas demandas de paternidad, siguiendo los pasos
de Antonio Enrique, y logrando el mismo
resultado, ya que en agosto de ese mismo año, serían reconocidas legalmente
como hijas del fallecido.
Todo un entramado de relaciones extramatrimoniales,
hijos ilegítimos y, sobre todo, muchos ojos puestos en la cuantiosa herencia
que el empresario maderero legaba a sus familiares.
Nos cuenta el señor Jorge
Espasandín, licenciado en Derecho por la Universidad de A Coruña, que todos los hijos habidos dentro y fuera del
matrimonio tienen derecho a su parte correspondiente de la herencia, motivo por
el cual, cada vez que se presentase una nueva demanda de paternidad, el caso
debería ser reabierto y la repartición debería ser modificada una y otra vez.
A día de hoy, 15 de Marzo de 2012, el cuerpo del
fallecido sigue sin aparecer; y la herencia todavía no ha sido repartida en su
totalidad, ya que los conflictos entre “hermanastros” se suceden y multiplican.
¿Habrá una solución posible a corto plazo para este
culebrón? ¿Abre este suceso de nuevo la veda al viejo debate de si los hijos
ilegítimos no reconocidos en vida deberían o no recibir su parte
correspondiente de la herencia?

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