Desheredan
a una hija por no atender a su padre
Luis García Díaz. Santiago de Compostela.
En la actualidad, los problemas con las herencias y los
conflictos que generan son muy comunes en numerosas familias, por lo que muchas
de ellas acaban en los tribunales para solucionarlo. Pero este no ha sido un
caso normal. Se trata de un padre, ya fallecido, que recogió en su testamento
su intención de no dejar herencia a su hija, debido a las pésimas condiciones en
las que le hacía vivir.
Todo comenzó en 2004, cuando el padre, harto de la
desatención de su propia hija hacia él, firmó la desheredación, y quiso que
fueran dos de sus sobrinas las que se hicieran con su patrimonio una vez
fallecido. Y es que su hija, además de no preocuparse por él y hacerle vivir
bajo unas condiciones deplorables de higiene y salubridad, se encargó de
retirar todo el dinero que sus padres tenían en bancos, y continuó viviendo con
su familia en la casa de sus progenitores pese al no contar con el consentimiento
de su padre.
Sin embargo, no fue tan fácil como excluir a la hija del
testamento ya que ésta, sin ningún pudor, acudió a la vía judicial para que sus
primas le entregaran la herencia. Pero ocho años después, la Audiencia
Provincial de Cantabria ratificó la postura del Juzgado de Primera Instancia
número 1 de Santander, que desestimó la demanda de la hija.
Remedios Calderón Guillén, abogada malagueña experta en
casos de herencias, manifiesta su “sorpresa” ante resoluciones de este tipo,
pero no por justa o no, sino por insólita: “Esta sentencia marca un precedente
en cuanto a estos casos se refieren. Cuesta creer la historia, pero esa hija no
merecía herencia ninguna, y así ha sido”. Por su parte, el vicedecano del
Colegio de Abogados de Málaga, Carlos Martínez Murciano, habla del buen trabajo
de la Justicia en un caso complejo y poco habitual, y subraya: “Los deberes no
solo los tienen los padres con respecto a los hijos, sino que también es al
revés. Las condiciones en las que tuvo que vivir ese hombre y la continua
desatención mostrada por su hija son inaceptables”.
Como bien explica Martínez Murciano, los hijos deben
cumplir con una serie de obligaciones con respecto a sus progenitores, pero
esta señora, lejos de cuidar de su padre en sus últimos años de vida, le
condenó a unos años de sufrimiento y pobreza. Por todo esto, cuanto menos, ese
hombre estaba en su derecho de desheredarla y así se le ha reconocido años
despúes.
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