jueves, 15 de marzo de 2012

El testamento de Rocío Jurado pone a prueba la estabilidad de su familia

EL TESTAMENTO DE ROCÍO JURADO PONE A PRUEBA LA ESTABILIDAD DE SU FAMILIA

Sonia Ferro, Santiago de Compostela

Rocio Jurado, famosa estrella del canto, se apagó el 1 de junio de 2006 en Madrid, dejando en el dolor a sus tres hijos, Rocío Carrasco, José Fernando, Gloria Camila y su marido José Ortega Cano.
En 2004 le fue diagnosticado un cáncer de páncreas, enfermedad que le provocó la muerte a los 61 años de edad.
Rocío no sólo dejó atrás el cariño de su familia, sino también una riqueza que sus herederos tendrán que repartir según las voluntades impuestas por la estrella en su testamento.
Trás su fallecimiento, la cantante consiguió mantener viva su presencia y mientras tanto la estabilidad de la familia parece encontrar dificultades en el camino de la repartición de los bienes  familiares.



La apertura del testamento, en fecha 2007, reveló que la herencia sería repartida entre sus descendientes, la hija biológica Rocio Carrasco declarada heredera universal y sus dos hijos adoptivos José Fernando y Gloria Camila, todavía menores de edad.
Además disfrutarían de los bienes concedidos el viudo José Ortega Cano, los hermanos Mohedano, Amador y Gloria, el ahijado de la fallecida Fernando y por último el amigo y secretario personal Juan de la Rosa.
En base al art. 808 del Código Civil,  constituyen la legítima de los hijos y descendientes las dos terceras partes del haber hereditario del padre y de la madre.


Sin embargo, podrán éstos disponer de una parte de las dos que forman la legítima, para aplicarla como mejora a sus hijos o descendientes.

La aplicación de la mejora en este contexto fue asignada a la primogénita Rocio Carrasco, nacida de la unión con el primer marido Pedro Carrasco, y además le corresponden los derechos de todas las canciones y peliculas, la ropa, los muebles, las pieles y las joyas, un apartamento en Miami, la mitad del apartamento comprado con José Ortega Cano, la finca “El Administrador” situada entre Chipiona y Rota y un tercio de la casa en la Moraleja que tendrá que ser vendida en un plazo de dos años por la abogada de la cantante.
En segundo lugar, para los hijos José Fernando y Gloria Camila, se dejan dos tercios de la casa de la Moraleja y como dicta el Código Civil los herederos siendo menores de edad, estarán representados por sus padres en la aceptación y en la partición de la herencia que podrán aceptar libremente una herencia en nombre de sus hijos menores de edad, sin necesidad de autorización judicial, teniendo en cuenta que la aceptación se hará siempre a beneficio de inventario.
Motivado por esta condición, José Ortega Cano se encargará por lo tanto de la representación  de sus hijos hasta la mayoría de edad.
A los hermanos Amador y Gloria, les corresponden respectivamente la nave industrial en Madrid y la casa de Chipiona, además de la división de la finca de los Naranjos.
El ahijado Fernando, hijo del hermano, recibirá otra nave industrial.
Al viudo José Ortega Cano, que será el administrador de los bienes de los hijos adoptados hasta que cumplan la mayoría de edad, se quedará con la ganadería de la finca la Yerbabuena.
Por último, el amigo Juan de la Rosa, disfrutará del ático de Chipiona en el que vive y de algunas joyas.


Durante la lectura del testamento las voluntades de la fallecida fueron respetada por las partes, a excepción de un elemento que representó la base de la  polémica: la finca los Naranjos, en principio era destinada a los hermanos Mohedano.
Según la declaración del albacea y abogado Ana Iglesias,  la asignación de la finca a los hermanos Mohedano perjudicaría la legítima perteneciente a los hijos de la Jurado y se pidió por lo tanto una revisión de la división de los bienes.
El abogado añadió que para que la legítima de los hijos fuera plena, la finca “Los Naranjos” necesitaba ser repartida no sólo entre los hermanos sino también entre los hijos.
La reacción de los Mohedano fue un rechazo firme provocando un escandalo a nivel nacional e internacional.
Fuentes anónimas, procedentes no sólo de la vida pública, como por ejemplo ciudadanos interesados a la prensa rosa, sino también profesionales como abogados y docentes de derecho, definen el caso Rocio Jurado, una pólemica muy peculiar. Algunos opinan que las voluntades de la Jurado “fueron injustas respeto a sus hijos” y que “la herencia de la cantante antes de todo pertenece a los descendientes y no tanto a los hermanos”. Otros opinan que “ la repartición de la herencia es algo muy personal y que por lo tanto sus voluntades tienen que ser respectadas.

Trás cuatro años de investigación y la aclaración de la valoración de la finca de los Naranjos, la familia de la cantante se reunió en el mes de diciembre de 2011 para firmar y cumplir con las voluntades de la cantante.
La solución respetó el testamento: los hermanos Mohedano se quedarán con la finca gracias al rechazo voluntario de la hija biológica Rocio Carrasco y los hijos adoptados.
La ganancia de la venta del chalet de la Moraleja, corresponde a los tres hijos de la cantante, mientras que José Ortega recibirá la ganadería de la finca Yierbabuena.
Amador Mohedano, se declara satisfecho delante de los medios de comunicación, anunciando “ que al final se ha hecho la voluntad de mi hermana”, mientras que el viudo José Ortega afirma “ ha habido una voluntad por parte de todos”.
La familia Jurado, feliz por la resolución de la polémica, decide cerrar el caso firmando delante de un notario la aceptación del testamento y recordando con amor a su amada Rocio.

                                                                                                                           Sonia Ferro



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